La laguna de Sobrado al atardecer, bajo un cielo rosado

Narrativa · Memoria · Viajes

Escribo para poner palabras donde a veces hay silencio.

Historias de mujeres que vuelven a sí mismas, caminos que transforman y vidas que aprenden a nombrarse de nuevo.

María Barreira

01 La autora
Retrato de María Barreira

“No he llegado tarde.
He llegado cuando estaba preparada.”

Escribir para comprender.
Viajar para volver distinta.

Soy María Barreira. Escribo desde Galicia, entre la serenidad del paisaje y la verdad de las experiencias que nos cambian. Mi literatura nace de lo vivido, de lo observado y de aquello que muchas veces permanece en silencio.

En mis páginas conviven el viaje exterior y el interior: la libertad conquistada paso a paso, el cuidado, la identidad y esa certeza que llega cuando una mujer comprende que todavía puede dibujar su propio mapa.

Galicia · España

Detrás de las palabras

Nací en el momento en que decidí que la edad no es un límite, sino el principio de la lista.

Tengo un trabajo normal y corriente y mi hogar está, desde hace ya tiempo, en una casa de aldea en Galicia. Pero toda mi vida he sido una lectora apasionada y siempre he tenido facilidad para expresar por escrito lo que me pasa por dentro. Tras años devorando historias ajenas, llegó el momento de empezar a contar las mías.

Esta aventura literaria nació de esa pasión de siempre y de una revolución personal más reciente: descubrir que el mundo está lleno de «primeras veces» esperando a ser vividas, sin importar los años que marque el calendario.

Y darme cuenta de algo que ahora sé con certeza: la capacidad de asombro no caduca.

Quisiera que me conozcas a través de lo que escribo y también de la mujer que soy hoy: la que tiene un trabajo cotidiano y, de repente, viaja sola por primera vez; la que se planta en un concierto de Iron Maiden a disfrutar de la adrenalina; y la que ha aprendido a proteger su paz mental por encima de todo.

En este espacio, las protagonistas son las palabras, las historias y todo aquello que me lleva a escribirlas.

Porque, estés donde estés y hagas lo que hagas, siempre estás a tiempo de empezar a escribir tu propia historia.

02 Obras
03 Escritura

Hay historias que no piden permiso. Solo esperan a que una se atreva a contarlas.

Escribo sobre las huellas que dejan los lugares y las personas. Sobre cuidar, sobrevivir, elegir y empezar de nuevo. Sin héroes perfectos: con mujeres reales, contradicciones y verdad.

Cuaderno de autora

Reflexiones, relatos breves y páginas del camino.

01Mis dos casas«Yo tengo dos casas… Una de verano y otra de invierno.»Leer reflexión

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Yo tengo dos casas… Una de verano y otra de invierno.

La de invierno aún la visito alguna vez… Ahí habitan mi silencio, mis dudas, mis miedos, mi soledad, mis pesares, mis días malos…

Voy de vez en cuando… No me gusta estar ahí demasiado tiempo.

Es una casa con poca luz, a veces incluso oscura… No me gusta manchar demasiado el suelo de mi casa de invierno; por ello, al entrar, siempre dejo fuera los zapatos…

Hace años esa casa fue mi morada permanente. Ahí vivía acompañada, pero sola.

La casa estaba siempre desorganizada, no había apenas luz ni claridad… Cuando intentaba limpiar un poco los cristales para que entrase claridad, venía la lluvia, la tormenta, y otra vez se iba la luz. La casa parecía querer estar siempre en la oscuridad y en el caos.

Pasaron los años y yo empecé a abandonar la limpieza de la casa. Me sentía cansada de limpiar una y otra y otra vez para que se acabase ensuciando… El peso de llevar la limpieza de esa casa era solamente mío. Si hacía una limpieza superficial para verla un poco bonita, la otra persona con la que convivía desordenaba, provocando en mí la extraña sensación de que mi esfuerzo era inútil. Si intentaba hacer una limpieza más profunda, era imposible. Siempre acababa peor de lo que estaba. Volaban cacharros por el aire, se tiraban y se rompían estanterías y, cuando me daba cuenta, la casa acababa hecha un caos.

Después siempre me tocaba a mí recogerlo.

Volvía a colocar todo… Me costaba trabajo y mucho esfuerzo, pero lo seguía haciendo muy a mi pesar.

Los años fueron pasando y la casa seguía igual, sin pintar, con las paredes cada día más sucias y agrietadas —algunas grietas, incluso, grandes— y por el tejado ya empezaban a caer goteras…

En esa casa no se encendía nunca la estufa… Hacía siempre frío, mucho frío.

Un día, cansada de tanto frío y de tanto limpiar, tomé una decisión: abandonaría la casa. Y así fue.

Al principio echaba de menos esa casa. Había sido mi hogar tantos años que, incluso siendo fría, destartalada y casi sin tejado, quería volver a ella… Cuando pensaba en volver, me acordaba del caos, el desorden y todo lo malo que había acontecido en ella… Entonces reculaba.

Me sentaba en el porche de mi casa de verano y observaba el paisaje. Era bonita, se escuchaban los pájaros, tenía mucha luz y algo especial que la hacía bastante más acogedora.

El tiempo fue pasando y la nueva casa era cada día más bonita… Pinté las paredes de colores, le puse unas ventanas enormes para que entrara luz y para poder ver el «mundo» a través de ellas.

En esta nueva casa tampoco vivía yo sola, no… Estaba acompañada de personas que me quieren y a las que adoro.

Estas personas me ayudaban a mantener en orden mi nueva casa. Si por algún motivo la casa perdía el «ritmo», entre todos volvíamos a colocar cada cosa en su sitio sin ningún problema. Era muy fácil mantener el orden en esta nueva casa.

Ya no había paredes viejas…
Ni frío…
Ni techos que arreglar…

Me gustó tanto mi nueva casa que decidí quedarme a vivir en ella.

A veces aún visito mi casa de invierno.
Siempre voy sola.

Al entrar enciendo las luces; ahora me gusta ver dónde piso… Si hace demasiado frío, pongo la chimenea y así noto un poco de calidez…

Me suelo sentar, acurrucarme un ratito y después ordeno la casa. Coloco objetos en su debido lugar y limpio bien las ventanas para que entre algo más de claridad…

En esa casa no hay horario ni reloj: solo yo…
Con mis propios tiempos, mis propias reglas y mis propios pensamientos…

No la habito mucho tiempo, no… Como mucho, un día.

Cuando salgo, apago bien las ascuas y las luces que me guían hasta la puerta, vuelvo a calzar mis zapatos y regreso a mi morada habitual…

Esos pequeños viajes me aclaran la mente, me aligeran y me recomponen el alma.

Vuelvo a mi casa de verano.

Es una casa pequeña, pero llena de luz.

En ella habito de forma distinta… Soy más yo…

Trabajo, cuido, ando descalza porque sí, canto o bailo según me apetezca y también escribo, mucho…

En esta casa se puede decir que soy feliz. Siempre hay luz, flores, personas a las que quiero y mucho color y calor…

Ambas son de mi propiedad y, a pesar de ser distintas, no pienso vender ni alquilar ninguna.

¿Por qué?

Porque me costó mucho conseguirlas y porque ambas me hacen falta para ser quien soy…

02Mi cabeza necesita respirar«Muy de vez en cuando necesita oxígeno. Del bueno.»Leer reflexión

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Mi cabeza necesita respirar.

Y no es que yo sea un ser humano diferente a todos los demás…
Respiro como todos, sí, así es.

Pero mi cabeza es de esas que, muy de vez en cuando, necesita oxígeno. Del bueno. Del que entra suave, del que abre, del que llena, del que baja el ritmo…

Así de simple y fácil.

¿Y la tuya? ¿Cómo respira tu cabeza?

Paisaje gallego visto desde una abertura de piedra, con fragmentos de Mundo feroz
03Mundo feroz«Pero mírame de cando en vez… ¡non sexas feroz!»Leer en gallego y castellano

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Gallego

¡Mundo feroz, dime por que berras!
¿Sempre fuches así?
¿Cando descansas?
¿En que momento escoitas?
¿Acaso non me ves?

Estou aquí…
Aquí, mírame.

Si… iso, son eu, a que che fala…
A que se agocha entre montañas e néboa.
A que viste de verde case sempre.
Esa que chora cando arde.
A que acolle a todos con agarimo.
A que ve o sol ata as once nas noites de verán e, aínda así, monta a verbena á súa hora.
Esa que canta e baila ao son das gaitas.
Esa que camiña desde lonxe ata Santiago.

¿Lémbraste de min?

Xa… xa o sei… Estás moi ocupado.
Apenas tes tempo para nada nin para ninguén.

Só quería dicirche que sigo viva. Que as miñas xentes me coidan moito e que ata os que están lonxe se acordan de min.

¿Que? ¿Xa sabes quen son?
Dareiche unha pista…

«Fálame con agarimo».

Siiii. Esa, esa son eu.
Estaba case segura de que te lembrarías de min.

Claro, o meu nome é Galiza.

Alégrame que, a pesar de tanto barullo, me escoitases un momento.

Non… Non fai falla que pares por min. Ti segue…
Xa sei que andas moi ocupado.
Só quería saber se aínda podías verme e escoitarme.

Segue, non te entreteño máis…

Unha cousiña soamente, e non che roubo máis tempo.

Ti ao teu… Xa sei que pedirche que pares estaría de máis.

Pero mírame de cando en vez.
E aínda que avances a pasos de xigante, imparable…

¡non sexas feroz!

Castellano

¡Feroz mundo, dime por qué gritas!
¿Siempre has sido así?
¿Cuándo descansas?
¿En qué momento escuchas?
¿Acaso no me ves?

Estoy aquí…
Aquí, mírame.

Sí… eso, soy yo, la que te habla…
La que se oculta entre montañas y niebla.
La que viste de verde casi siempre.
Esa que llora cuando se quema.
La que acoge a todos con cariño.
La que ve el sol hasta las once en las noches de verano y, aun así, se monta la verbena a su hora.
Esa que canta y baila al son de las gaitas.
Esa que camina desde lejos hasta Santiago.

¿Me recuerdas?

Ya… ya lo sé… Estás muy ocupado.
Apenas tienes tiempo para nada ni para nadie.

Solamente quería decirte que sigo viva. Que mis gentes me cuidan mucho y que hasta los que están lejos se acuerdan de mí.

¿Qué? ¿Sabes ya quién soy?
Te daré una pista…

«Fálame con agarimo».

Siiii. Esa, esa soy yo.
Estaba casi segura de que me recordarías.

Claro, mi nombre es Galicia.

Me alegro de que, a pesar de tanto ruido, me hayas escuchado un momento.

No… No hace falta que te pares por mí. Tú sigue…
Sé perfectamente que estás demasiado ocupado.
Solamente quería saber si todavía podías verme y escucharme.

Sigue, no te entretengo más…

Solamente una cosa más, y te prometo que es la última.

No necesitas pararte… Ya veo que sería pedir demasiado.

Pero mírame de cuando en vez.
Y aunque avances a pasos gigantes e imparables…

¡no seas feroz!

04LÁGRIMAS DE MAR«Sabía a sal. Sabía a mar. A madrugada.»Leer poema

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Cogí agua del mar.
La mezclé con gotas de rocío.
Y
Fue real.
Y
Brotó de mis ojos.
Y
Resbaló por mis mejillas.
Y
La probé.
Sabía a sal.
Sabía a mar.
A madrugada.
Entonces la vi.
Pequeñita.
Transparente.
La recogí.
La envolví en ternura.
La disfracé con sonrisas.
La retuve por momentos.
Y la dejé.
Volvió al mar.
Volvió a ser rocío.
Y yo... volví a llorar.

04 Contacto

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